
Caminaremos de madrugada, sin dar tiempo a que la mente pueda murmurar, allí nos espera «el señor del puerto » bahía de la zona norte, lugar de pescadores.
La vieja industria, recordada en el pasado por sus aceros, fabricas con edificios desnudos se clavaban en nuestra mirada.
Un lugar avanzado nos deleitaba a la llegada con su mar, al cruzar el puente. Impactados por la playa de ondarreta, brava para los ojos y atrevida para los suferos.
Los montes urgull e igüeldo eran visibles, a la vez que la isla clara.
El impresionante Cristo de urgull y el parque de atracciones de igüeldo.
Pero lo más fascinantes era caminar descalzo por la playa de la Concha, mientras las olas rompían y el sol se guardaba.
En definitiva, paseos que te daban vida.
En la gastronomía, sus famosos pintxos y platos típicos como los caracoles, la merluza o el txangurro .
Una ciudad unificada y fortalecida alrededor de la playa, permitía una gran orientación y distribución en busca de sus calles y del antiguo mercado, aún presente.


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